La perrita Golden Retriver que le cambió la vida a un niño costarricense con parálisis cerebral

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A sus ocho años, Érick Roldán Caballero ya había vivido lo que pocos niños de su edad. La parálisis cerebral producto de una complicación al nacer les había trazado una condición especial de vida a él y a su familia.

Las terapias asistidas en la piscina se habían convertido en un suplicio y era necesaria una motivación especial.
Aquel impulso para el niño llegó en cuatro patas y de tres meses de edad…
Su nombre era Molly, una perrita de raza Golden Retriver que estimuló al pequeño a volver a entrar a la piscina y que, involuntariamente, sumergió a la familia en una experiencia de vida.
“El niño disfrutaba tanto la terapia, que llegó el momento en que no se quería salir de la piscina”, recordó el veterinario Óscar Robert, quien le obsequió la perrita a Érick.
El impacto positivo de las mascotas en la salud de quienes deben librar procesos asistidos es una realidad, principalmente con niños y adultos mayores. Estas ayudan a los pacientes a bajar los niveles de estrés y de ansiedad y, con ello, la frecuencia cardíaca y la presión arterial se regulan.
El caso de Érick no fue la excepción. El amor por el agua característico de los Golden Retriver y el instinto de los perros de proteger al más vulnerable del hogar hicieron lo suyo.
“Fue increíble la conexión que hubo entre ambos, tanto, que después cruzamos la perra, porque había muchos niños, compañeros de terapia de él, que querían un compañero de terapia igual. Tuvimos la sorpresa de que parió 14 cachorros. Logramos que todos pegaran y, entonces, 14 niños quedaron con perro de terapia”, comentó el doctor Robert.
Hoy, 22 años después, aquel pequeño quien retomó sus rehabilitaciones motivado por su mascota, tiene 30 años. Pese a que Molly cumplió su misión hace cuatro años, a la edad de 13 años perrunos, sus huellas no se borran.

“Siempre estaré eternamente agradecida con Dios, por la obra que ha decidido hacer con mi hijo, y con el doctor Robert, por habernos regalado a Molly. Ella nos cambió la vida. A Érick le cuesta medir su propia fuerza; él la agarraba, le jalaba el pelo en señal de cariño y ella se dejaba. Fue compañía y la ternura para él”, contó la madre del muchacho, Ana Lorena Caballero.

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